viernes, 21 de mayo de 2010

1 navidades

Abrió la puerta y se adentró en mi habitacion. Le bastó ver mi cara empapada para pensar lo peor.
- No lo puedo creer...
Au. Dolió. Una nueva serie de lágrimas empezaron a brotar de mis ojos.
Cerré en un click la conversación y apagué el ordenador. Ella no podía leer más, no debía saber ni un solo detalle más. Por mi bien.. por su bien.
- No puedo contártelo
- Soy, creo, la única persona a la que sabes que puedes contárselo. Ay, qué has hecho.
Otro comentario más: una nueva aguja clavada en la herida. Estaba ardiendo, dolió más que la anterior. Acaso no me conocía?
- No he hecho nada...
- Cuéntamelo
- No puedo
- Soy tu madre, claro que puedes
Si.. mi propia madre pensando de mí lo peor. Me tapé la cara con las manos, como si eso me sacase de aquella situacion. Ella me tendió la mano... Me levanté, la abracé y seguí llorando, esta vez con más intensidad.
- Cuentamelo.. - dijo en un susurro.
Ella era mi único apoyo real, la única que me perdonaría algo así. Se moría de rabia, de dolor, y aun así su tacto era más suave que la seda.
Y entonces, le conté todo.
Era la primera vez que rompía una promesa de verdad.
A partir de ese momento todo fue muy rápido: gritos, lágrimas y más lágrimas, decepciones, juicios. Si, todos estaban ahí juzgándome y señalándome..
No, no, no, no...
Era como sentir aguja tras otra clavándose en la herida, cada una más profunda y más caliente.
Y me dejé dominar por la tristeza. Si. Yo, la niña de los objetivos claros, la optimista, la de las soluciones, me rendí por primera vez. La misma que hacía más de un año se había propuesto lo imposible.. y lo había conseguido. Y lo había perdido todo del golpe.
Ahí, abrazada a la almohada, lloré hasta que me ahogué en mi propio sueño.
Jamás he vuelto a llorar así...
[...]
Ff? No.. esta vez no

No hay comentarios:

Publicar un comentario