Hoy por fin me decido a darle a este raye de historia un final. No sabia exactamente cómo hacerlo, pero no iba a dejarlo estar un solo día más. Toca dejarse llevar por la vocecita de mi cabeza y escribir lo que me dicte.
[…]
Guerra civil, o un gran partido de tenis Nadal-Federer. Eso era lo que había en mi cabeza. Razon vs. corazón. Nunca antes habían estado en un desacuerdo así, encima iban sumamente igualados: técnica vs. fuerza.Después de dos días sumida en los pensamientos más doloroso, sin atreverme siquiera a sostener una mirada, sin levantarla del suelo o del libro que utilizaba para despejarme cuando notaba que las lágrimas anunciaban su llegada, por fin comenzaba a ganar uno de los dos jugadores, o más bien se ponían de acuerdo y no ganaba ninguno.
Mi razón me decía que no pensara, que olvidara, que jamás le permitiera al corazón ganar esta batalla. Me decía que dejase de sentir, que me quisiera a mí misma.
Mi corazón se limitaba a sentir y a no aceptar todo lo que me decían. Se aferraba a su verdad inventada.
Había estallado una guerra en mí por no aceptar mis sentimientos, por querer destruirlos. Ese era mi fallo, y me costó dos días de no pensar en otra cosa que en esa.
Si no quiero sentir de un cierto modo, igonoro el hecho de que ese sentir es parte de mi. Me estaba traicionando a mí misma.
Sentir aquello.. era un sentimiento. No querer sentirlo era otro bien distinto, que por mucho que lo intentase no impedía el primero.
Era un debate interior, aunque realmente no había nada que debatir ni ninguna guerra que ganar. Mucho menos un partido o una copa, o millones de euros por ser el nº uno.
Hiciera lo que hiciese, no iba a cambiar nada.
Nada.. yo seguía sin saber nada… Cómo dolía cada vez que lo recordaba.
Y de repente el corazón dejó de sentir, o más bien dejó de no querer sentir.
Aceptar la realidad.
Realmente la verdad no duele. Duele el hecho de caer de golpe a la realidad después de vivir en la mentira, pero la verdad es hermosa como ninguna.
Simplemente.. dejé de pensar que eras la base de mi felicidad. La base de la felicidad son los sueños, las metas, uno mismo, el amor, el mundo, Dios, lo que tú quieras que sea. No solo una cosa, y menos algo tan complementario y no-básico. “No te necesito” te dije, aunque tú nunca lo escuchaste.
Me sentí feliz y llena. Me sobraban las fuerzas y las ganas de vivir. Tenía miles de metas por delante ahora que lo había perdido todo. Nuevos sueños.
Y ahí acepté nuestro final. No era un final feliz, no era un final con alguna razón de ser, simplemente .. era un final.
Lo que yo siempre había querido.. sin saber realmente lo que eso significaba.
Nunca más..
[...]

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